miércoles, julio 23, 2014

NO ERES TU, ES MI TABLET


¿Cuántas veces ha visto en su smartphone alguna imagen, sitio web o producto que le guste y ha tomado su tablet para "verlo mejor"? Le aseguro que varias veces. Y cada vez más seguido.


No se trata de que su amado iPhone o Galaxy no sea capaz de entregarle de forma fidedigna la experiencia visual de lo que a usted le interesa y por eso, lo invito a no sentirse un infiel o hereje smartphoniano; la tablet ha dejado de ser aquel dispositivo con menor rendimiento que su teléfono móvil y donde la gracia es que las cosas se vean más grandes y punto. En los últimos años, se ha alzado como uno de los dispositivos móviles más importantes, que ha marcado y seguirá marcando la pauta futura en el área.


En publicaciones anteriores ya hemos hablado de que el desarrollo tecnológico en el mundo mobile tiene directa relación con la capacidad de feedback con el usuario-cliente de los dispositivos y la evolución del comportamiento del mismo, en un proceso interrelacionado. Y esto no es ajeno al mundo de las tablet.


Actualmente es posible encontrar en el mercado, por el mismo precio de hace años o incluso menos, una gran variedad de tablet con hardware de buen rendimiento, mayor capacidad RAM y memoria interna, procesadores más allá del dual core y, además, un notable desarrollo de tecnología de pantallas, con buena resolución, contraste y profundidad de color, como el Retina Display de los nuevos iPad, lo que beneficia tanto a los juegos como la experiencia de lectura y navegación. Es más: hace un buen tiempo, empresas como Intel están desarrollando procesadores potentes especialmente para estos dispositivos e incluso procesadores gráficos independientes, como es el caso del Mali-T604 de la Nexus 10 de Google.


Así, las tablet de pantalla mediocre, escasa RAM y poca duración de batería, que luego del entusiasmo de la compra a los pocos meses eran confinadas solo a jugar al solitario, han quedado en el pasado.


¿A qué se debe este salto superlativo en las prestaciones de las tablet? En buena medida, a factores como la experiencia del usuario-cliente en los sitios web de retail y comercio. Superado el importantísimo y obligatorio factor de la "compra segura" en internet, el desarrollo de sitios web responsives (auto adaptables al dispositivo donde se visualizan) y aplicaciones dedicadas específicamente a las tablet han mejorado sustancialmente la experiencia de visita ("vitrineo" digital) y compra desde estos dispositivos móviles. Eso, sumado a la capacidad de agrupación selectiva, contextos de interés y seguimiento del comportamiento del visitante que permiten las tecnologías web, agregando además la evolución tecnológica de las tablet, las ventajas de un display multitáctil y la perspectiva de visualización cercana a la escala real (dependiendo del tamaño de la tablet), transforman a este dispositivo en una potente herramienta tanto para el usuario como para quienes proyectan sus intereses a través del mundo mobile.


Usted ya se habrá dado cuenta de que varias empresas, como Lenovo, HP y Microsoft, han lanzado en los últimos años computadores AIO (All-In-One, "todo en uno") con pantallas táctiles y dimensiones mínimas. "Parecen tablet con teclado", dirá usted. Exacto. Y es que la evolución de esta tecnología ha respondido a un todopoderoso factor: EXPERIENCIA. Algo que en otros países del mundo hace años ya tienen clarísimo y por ello, lideran los desarrollos de aplicaciones de realidad aumentada, "vitrineos" virtuales y otros elementos vinculados a las virtudes que ostenta una tablet, un aparato de buen tamaño, a dos manos y absolutamente portable.


Por cierto y la verdad sea dicha, hay algunas empresas de compra online y de retail en Chile que ya se están subiendo a este carro de la victoria digital, desarrollando aplicaciones que permiten probar como se vería en su comedor el sofá que a usted le gusta aprovechando la cámara trasera de su tablet, por ejemplo. Como todo en la vida, lo bueno se imita.


Un reciente informe de la plataforma RIS (Retail Information Systems) indica que en 2013 el interés de compra y la adquisición misma de tablet a nivel mundial se duplicó respecto a 2012, proyectando que a fines de este año, una de cada ocho personas en el planeta poseerá uno de estos dispositivos.


Hay personas entre nosotros para las que esta experiencia es más que conocida. Excéntricos tecnológicos e infieles smartphonianos que no solo portan felices sus tablet en flamantes estuches de cuero, sino que además las equipan con teclados físicos y otros accesorios, buscando una experiencia distinta. Para ellos, lo analógico y lo digital no son una dicotomía, sino una cuestión personal.


Y es que la gracia de la tecnología mobile no radica en la vanguardia, sino en la EXPERIENCIA. Recuérdelo la próxima vez que tenga una tablet en sus manos.


¿POR QUE MI SMARTPHONE YA NO TRAE RADIO FM?


Quad Core, Gorilla Glass, Super aMOLED, TouchWiz, Qualcomm Snapdragon, Geo-Tagging, HDR, 4G LTE. Son diversas las novedades tecnológicas que constantemente presenta la industria de los smartphones en cada lanzamiento de su flamante último modelo de teléfono móvil. Un escenario donde es inevitable quedarse desfasado tecnológicamente sólo a un par de meses, luego de que logramos juntar los últimos pesos para comprarnos un equipo mejor que el que teníamos (o que rompimos).


Pero en medio de esta nebulosa de terminologías y nomenclaturas smartphonianas, al ciudadano a pie le ha surgido una constante y elemental duda, casi existencial: ¿Por qué mi smartphone ya no trae radio FM?


La radio, el medio que en cada situación de emergencia o contingencia social nos recuerda que está ahí para informarnos lo que está pasando prácticamente en tiempo real, de forma gratuita y con un mínimo consumo de energía en nuestros dispositivos. Hasta hace unos años, la radio FM era un elemento casi por defecto en los teléfonos móviles, pero con el constante avance tecnológico ha quedado rezagado hasta prácticamente ser confinado a lo prescindible. ¿Costará mucho incluir un receptor de radio FM en los smartphones actuales? Ciertamente no. El tema no pasa por eso.


La respuesta más común de la industria de los smartphones a la consulta de los consumidores respecto a la razón por la que los teléfonos móviles –especialmente de gama alta, más modernos- no traen receptor de radio FM, alude a estudios de consumo donde, afirman, existe una tendencia (interés, preferencia) hacia la radiodifusión digital, esto es, por medio de emisoras online, podcast y canales YouTube, entre otros. En ese sentido, señalan los fabricantes, sus smartphones, en especial los último modelo, apuntan justamente a ese consumidor de contenidos digitales, donde la radiofonía también es metida en tamaño saco. Dicho esto, olvídese de contar con radio FM en el Samsung Galaxy S4/ S5 y en el LG G3, algunos de los actuales caballos de batalla del mundo mobile. Para qué hablar de iPhone; sea el modelo que sea, la respuesta es no.


Si bien esos estudios de consumo son efectivos y pueden reflejar un cambio de tendencia, estos no son en absoluto generalizables a todo tipo de mercado y consumidor. Junto a ello, esta ciertamente no es la única respuesta al fenómeno.


Dicho esto, razonemos juntos: Entonces, ¿por qué mi smartphone ya no trae radio FM, si se afirma que incorporar receptores en los dispositivos no reviste dificultad alguna? Porque esa lógica no aplica en equipos donde la radio FM no constituye feedback. Convengamos en que gran parte del negocio actual de los dispositivos móviles (smartphones y tablets), más allá de la venta de los equipos, radica en la posventa: el consumo de aplicaciones (apps), lo que justifica en buena parte el constante desarrollo tecnológico en el mundo mobile. Así, las apps han acaparado también el campo de la radiofonía (especialmente en el mercado europeo y estadounidense), a través de atractivas aplicaciones, interacción personal y tecnológica y beneficios adicionales.


Pero aunque la contienda tecnológica es desigual, aún hay esperanzas para el ciudadano a pie. La industria de los smartphones sigue respetando al consumidor de equipos con radio FM donde este elemento raya en lo excéntrico (como ocurre con el potente HTC One M8, el Sony Xperia Z2 y el imponente Nokia 1520, entre otros), también a quienes buscan un móvil con modestas funcionalidades y donde el mundo analógico aún tiene cabida, e incluso al usuario de aquel teléfono que es sólo “para llamar y recibir mensajes”. Actualmente existen buenos smartphones de gama media (prestaciones decentes sostenidas por un hardware decente) con radio FM incorporada, donde, obviamente, la utilidad específica prima sobre el marketing mobile, entonces condicionado por el consumidor objetivo.


Y como la idea es siempre entregar al lector algo más que la anécdota tecnológica, a continuación una breve lista de smartphones de precio moderado, buen rendimiento y, lo más relevante, que incluyen receptor de radio FM:


Samsung Galaxy S3 (modelo GT-I9300)


Motorola Moto G


Sony Xperia L


Nokia Lumia 720


LG Optimus L9


ANDROID 4.4 KIT KAT: UNA EXPERIENCIA NO TAN DULCE


(Escrito el 28 de abril de 2014)


Cuando fue lanzado para su distribución, la versión 4.4 Kit Kat de Android, el sistema operativo (SO) de Google para dispositivos móviles, prometió bajo el nombre del popular chocolate entregar una interfaz renovada y mejorada a sus fieles usuarios, que ya habían vivido una mejor experiencia gracias a la versión 4.3 Jelly Bean, una de las más estables y de mayor rendimiento en relación al hardware (componentes físicos) de los dispositivos soportados.


Como nada es perfecto y en estos temas mucho menos, la renovación del sistema partió asumiendo un factor no menor: no todos los smartphones y tablets podrían recibir la actualización del SO, fundamentalmente por incompatibilidades de hardware, en especial debido a que las mejoras del 4.4 Kit Kat dependen en buena medida de la adaptación de componentes cruciales como el procesador, fabricado por una infinidad de empresas de las que sólo algunas trabajan con Google para implementar mejoras en la relación hardware-SO de estos equipos; y, factor no menor, el nivel de fragmentación del sistema Android, con usuarios que aún utilizan versiones anteriores hasta en cinco generaciones respecto a la última entrega, lo que dificulta su distribución y adaptación a nivel global.


Con todo, al menos los modelos de smartphone y tablet más recientes del mercado han podido recibir la actualización del SO de Google; proceso que aún no finaliza, pues esto también depende de la liberación de la actualización por parte de las compañías telefónicas.


A sólo días de haber instalado el nuevo SO en sus equipos, miles de usuarios alrededor del mundo constataron las mejoras (principalmente visuales) de Android 4.4, pero también algunos inconvenientes de la interfaz e incluso del funcionamiento de sus dispositivos móviles; la más gravitante tiene relación con la aplicación nativa de la cámara fotográfica en segundo plano, que en algunos modelos de smartphone reduce considerablemente la duración de la carga de batería.

Entre otros problemas detectados, figura el que ocurre al actualizar el SO en algunos equipos como los Motorola Moto X y Moto G, donde es necesario desvincular y volver a agregar las cuentas de Google para evitar que los contactos (ahora "Personas") se transformen en un enredo; la aplicación nativa de registro de llamadas ha sido criticada por cierta pérdida de su funcionalidad intuitiva; algunas aplicaciones nativas y externas llevan a confusión entre la utilización del botón Home (inicio) y el Back (atrás); si bien se optimizó la velocidad de WhatsApp, que arranca y responde de mejor forma, otras aplicaciones igualmente importantes han mantenido o incluso reducido su eficiencia; existen incoherencias gráficas en los menús contextuales e iconos del sistema, que cambian entre la interfaz nativa y las aplicaciones; al parecer, al igual que otros desarrolladores, Google ha optado por la utilización de cards (tarjetas) para la presentación de información útil en Google Now y otras aplicaciones, pero en el caso de las listas de contactos la transición del sistema de listado al de cards no está bien resuelta; problemas para reproducir algunos videos HD (alta definición) en YouTube (se ven entrecortados o con menor fluidez) e incluso imposibilidad de reproducir videos a 30 fps (cuadros por segundo) en algunas tablets; etcétera.


Ante esto, sería absurdo pensar que Google no esté consciente de estas dificultades en su SO, que se presentan de distintas formas en los smartphones y tablets existentes en el mercado y, sobre todo, que no esté trabajando en solucionarlos. De hecho, Android 4.4.2 Kit Kat tendrá en las próximas semanas una nueva actualización: 4.4.3, la que ya habría sido testeada en dispositivos Nexus (caballo de batalla de Google en el mundo mobile) y que será lanzada en un breve plazo a lo largo del mundo; eso sí, esta actualización abarcaría en primer lugar los equipos de la familia Nexus, algunos modelos Samsung como el Galaxy S4 y el Note 3 y el HTC One, aunque se espera que a la brevedad incluya otros modelos vigentes en el mercado. Por otro lado, si bien esta actualización dará solución a problemas más urgentes como el del uso excesivo de energía de la aplicación de cámara fotográfica, el SO no presentará respuesta a otros detalles medianos y menores detectados. Además, si bien el desarrollador liberará la versión 4.4.3 en las próximas semanas, esta actualización será aplicada por zonas y luego de la revisión y adaptación de las compañías telefónicas en cada país, las que, a su vez, distribuyen el software a través de la red de forma segmentada.


Obviamente, usuarios más experimentados en cuanto a dispositivos móviles ya han optado por el recurso del downgrade (volver al SO anterior al que presenta problemas o al de fábrica) para mantener su smartphone o tablet principalmente con Android Jelly Bean, recurso manual ajeno a los procesos de garantía y respaldo de los equipos y que reviste riesgos si no se tiene real conocimiento de SO y del funcionamiento de los dispositivos móviles.

Entonces, ¿qué puede hacer el usuario común de smartphones y tablets con Android 4.4.2 Kit Kat? Esperar la actualización a 4.4.3, asumiendo que el proceso no será rápido y que sólo se solucionarán problemas gravitantes como el de la duración de la batería. Si su equipo ha sido comprado o renovado recientemente y no se encuentra satisfecho, tenga presente que en buena medida su incomodidad puede ser producto de los detalles del SO mencionados y no por el modelo de smartphone o tablet en sí, aunque cabe considerar que Android presenta variaciones de interfaz y funcionalidad entre una marca y otra e incluso entre modelos de la misma marca.


Mientras, Google se mantiene firme en el desarrollo de lo que sería el futuro SO Android 5.0 Lime Pie o Lemon Meringue Pie, que entre sus novedades incluiría una importante mejora en las funciones fotográficas (considerando opciones nativas como el enfoque selectivo), mayor integración de redes sociales y mejoras considerables en el rendimiento de los dispositivos móviles, las que conoceremos en el próximo Google I/O 2014, evento anual del gigante informático que se desarrollará en junio y que promete grandes novedades tecnológicas e informáticas para el mundo mobile.

sábado, septiembre 08, 2007

ÉTICA Y PERIODISMO



Una discusión clásica en el periodismo se origina en la disyuntiva que, a la larga, se transformó en la decisión clave de los medios actuales: ¿información o entretención? La intromisión en los medios del rimbombante “periodismo de farándula”, aquel abominable ser mediático de varias cabezas –al que parecen crecerle muchas más si cortamos una de ellas- es uno de los elementos determinantes a la hora de discurrir acerca de los aspectos éticos en el periodismo. En ese sentido, desde los antecedentes de la “prensa amarilla” y sus derivados hasta el actual periodismo de farándula, vienen a ser las invasiones bárbaras frente a un imperio periodístico que, en sus principios, se sustentaba en la acción de informar, educar, entretener y, por sobre todas las cosas, denunciar. Derrumbado el imperio, se dio paso a la vulgarización del periodismo, una práctica mediática en busca del más alto rating, el mejor tiraje o, en definitiva, ingreso monetario.

Como apreciamos, los fines del periodismo parecen ser aquellos lejanos ideales de una práctica limpia, profesional y socialmente consciente, que precisamente atiende a las ideas que, en abstracto, tienen las personas acerca del periodismo (en ese sentido, podríamos hablar de un conocimiento del periodismo: una “cultura periodística interna” en el caso de los periodistas, y una “cultura periodística externa” para el resto de los pensantes), en la que se llega a aquellos conceptos –los fines- en un proceso que atiende tanto a la razón como a los valores personales –concepción propia- y sociales (tal es el periodismo como instrumento social). Si bien en este simple y amplio proceso nos acercamos sólo superficialmente a la “ética periodística” como materia, sí podemos llegar a determinar qué es “lo ético” en el periodismo. Lo ético en el periodismo sin duda está relacionado con los fines que concebimos de él y con los valores personales y sociales entrelazados en esta disciplina, así como las prácticas socialmente aceptadas (correctas).

Quizás en la actualidad el periodismo, en cuanto a lo ético, pasa por un proceso mediático de tres pasos: como primeridad, un periodismo que en la práctica se apegue a lo que el periodista o reportero considere correcto o incorrecto en base al objetivo personal (subjetivo) y material (objetivo) de su trabajo; como secundidad, la valoración social del producto periodístico a presentar (el entendimiento y aceptación de las audiencias); y como terceridad, etapa que posiblemente detone el problema, el retorno de la inversión periodística con un producto que, en la práctica, mantenga el nivel de audiencias, asegure el liderazgo en la competitividad mediática y, casi al paso, cumpla con el objetivo (en bruto y fuera de análisis) de un producto periodístico: informar, un factor que actualmente se ha tornado en un fenómeno híbrido, que deambula entre la mera entretención y la desinformación.




sábado, septiembre 09, 2006

Minuciando en la rutina diurna


Al subir al bus, el escándalo causado por el llanto de un niño con calor a medio pasillo obligó a un pasajero a cerrar la ventana enfrente del asiento del chico con su mamá. El conductor observó sin cuidado la escena por uno de sus espejos retrovisores. Se limitó a recibir mi pago del pasaje y cortar el boleto escolar sin mucha atención. Luego de tan cotidiano contrato, eché una mirada rápida por todo el interior del bus. No encontré a nadie conocido, ni algún asiento cercano disponible, por lo que inmediatamente me dirigí al final del pasillo a sentarme. Luego de ubicarme, volví a mirar todo el interior del bus, ahora desde otro ángulo. Los demás pasajeros intercambiaron conmigo miradas recelosas. Durante unos dos minutos participé en diálogos sordos a los que fui arrastrado de manera negligente y de los que me escabullí con cierta dificultad. Una vez terminada la intrascendente escena, observé la estructura del bus. Evidentemente, se trataba de un modelo nuevo, de uno o dos años máximo de antigüedad, lo cual se notaba tanto en la visual como en la comodidad y rapidez de la máquina. No se divisaban calcomanías o adhesivos en ningún lado, por lo que deduje que el conductor era muy conservador, o simplemente el bus no era suyo. Pero los asientos eran un cuento diferente, gracias a las manifestaciones gráficas de algunos pasajeros (generalmente escolares). Me dediqué bastante a la observación de los dibujos. Casi todos eran formas vagas pugnando por alguna denominación. Lamentablemente no manejo el significado de los símbolos del hip-hop, por lo que la tarea de identificación fue bastante difícil, en algunos casos imposible. Sólo logré identificar declaraciones de amor e improperios varios dedicados a quien se llame Ernesto y Pamela. Al parecer resultaba más interesante explicitarlos en un asiento de un micro que decirlos personalmente…

El bus cesó la marcha en casi todos los semáforos de la calle. Unas cinco cuadras adelante se detuvo a tomar pasajeros (en un paradero no autorizado por cierto). Subieron dos niños y una señora (al parecer la mamá), quien los empujaba y mandaba a sentarse inmediatamente antes de que el bus entrara en movimiento. La máquina comenzaba a emprender la marcha cuando de pronto frenó bruscamente, y luego subió una joven. Vestía una chaqueta azul que me parecía conocida. Luego de pagar su pasaje se volteó hacia el pasillo, y logré identificarla: era una amiga. Ella tardó unos segundos más que yo en identificarme (quizás producto de la lejanía de mi asiento o del tiempo que llevábamos sin vernos). Nos saludamos. Por suerte al lado mío había un asiento desocupado. Ella se acercó con cierta dificultad (el bus comenzó a moverse bruscamente producto de la deficiente mantención municipal de la calle), y se sentó al lado mío. Entablamos una conversación ligera, destinada más que nada a temas de familia y estudios. Mientras la escuchaba hablar sobre su carrera aproveché de echar una mirada hacia la calle por las ventanas del bus. Íbamos ya en Libertad con 12 Norte. Poco tráfico vehicular (diría que se limitaba completamente al transporte de personas a sus trabajos o a sus colegios), pero mucha gente en los paraderos. Afortunadamente, en un sólo paradero de la avenida esperaban el bus en que nos trasladábamos, porque de no ser así mi puntualidad correría peligro. El bus volvió a detenerse para que subiera un señor vestido de terno y unos cuantos estudiantes (no sé por qué me pareció que eran de la USM). El conductor entabló una discusión con uno de ellos (al parecer debido al comprobante de matrícula mostrado en vez del pase escolar), luego de la cual el estudiante pudo pasar. Por el espejo retrovisor pude observar el cambio notable en la cara del conductor. Ahora miraba con evidente desgana. Al parecer el tráfico a esas horas no ayudaba mucho a levantar el ánimo matutino.

Ya llegábamos a 1 Norte y la verdad es que yo no había puesto mucha atención a lo que me decía mi amiga. Pude darme cuenta de ello por su cara de decepción y su repentino silencio. El bus cambió de pista prestándose a cruzar el puente en dirección a la plaza de Viña. Me incorporé en el asiento y me despedí anticipadamente de mi amiga, la cual devolvió el gesto a duras penas. Me levanté de mi asiento y esperé mi parada de pie (no tenía caso seguir sentado al lado de una mujer molesta, lo cual para algunos sería considerado más una contraindicación que algo infructífero). Al cambiar a verde el semáforo, el bus emprendió la marcha bruscamente (violencia comprensible debido al estado anímico deteriorado del conductor, y a la presencia de un bus del mismo recorrido al lado de la máquina), por lo que la llegada a mi punto de descenso fue casi instantánea. Toqué el timbre de parada. Con un gesto casi autómata, el conductor accionó un interruptor verde (al parecer) en su tablero, con lo cual se abrió la puerta delantera. Tuve que tocar nuevamente el timbre para que se abriera la puerta trasera por la cual descendería (quise creer que el timbre anterior no había sido escuchado debido al tráfico). Antes de bajar el último escalón, miré hacia mi amiga y le hice un gesto de despedida, el cual esta vez no fue respondido. Sin nada más que hacer, bajé el último escalón y salté hacia la calle. Dispuse mi bolso en mi hombro izquierdo y miré mi reloj. Eran las 9:26. Mi llegada a la ECUM sería a la hora justa, si no atrasada algunos minutos, producto de un comprobante de matrícula que, según la observación del conductor del bus, era de dudosa procedencia.

lunes, agosto 14, 2006

THE FAST LIFE: Consecuencia inherente del neoliberalismo

Bien es sabido que en un mundo globalizado, competitivo y de constante avance tecnológico, los movimientos históricos evolucionistas encuentran su origen en grandes potencias, incitadas a su vez por grandes ideologías. Es por ello que la “forma de vida” de gran parte del planeta se fundamenta en una necesidad de liderazgo y éxito mal relacionado con una vida acelerada, alejada de una concepción de productividad que psicólogos como Nietzsche han planteado, y mal entendida respecto de la concepción del homo economicus que Adam Smith plantea dentro de una teoría que podríamos considerar que, respecto a la evolución histórica, se nos presenta como una moción para enfrentar las consecuencias de una anunciada crisis post-industrialización y post-guerra.

Así, la concepción del tiempo como “un recurso escaso” dio origen a la relación equívoca entre el factor temporal y la producción. Este mal entendido de fondo (originado al pasar por alto la subjetividad y falta de certeza de la que adolece toda ciencia del hombre, como lo es también la economía) dio como resultado la expansión a nivel mundial de una cultura de vida acelerada, inconsciente del factor humano y social. Es así como Estados Unidos, cuna de las teorías económicas contemporáneas, el determinismo tecnológico y el surgimiento del neoliberalismo, es la expresión máxima a nivel mundial de esta forma de vida ajena al sujeto y aferrada al objeto. Al postular una economía “libre de restricciones”, rápidamente se dio paso al surgimiento de entes privados cuyo objetivo es la maximización del lucro que, ligado a este mal entendido de fondo en la teoría económica, multiplicó paulatinamente las horas de trabajo, las exigencias laborales y las restricciones a las personas en la búsqueda de una producción efectiva.

The Fast Life se nos presenta como una forma de vida que se extendió por varios países (en mayor medida, en el resto de las naciones americanas), encontrando su freno o contrapeso en algunas culturas, como las europeas y orientales. Es así como la mentalidad de un sueco distancia mucho de la de un estadounidense o un chileno, mientras que la legislación laboral de Argentina difiere inmensamente de la alemana, y los regímenes laborales de algunos países africanos están muy lejos de alcanzar el sistema de descanso obligatorio o el horario de trabajo mínimo de los japoneses. Desde esta perspectiva, es que the fast life tiene su origen y fundamento en un complejo proceso económico y social a nivel mundial que, comparado con la cultura y estilo de vida de países como Suecia, Alemania o Japón, resulta ser más involutivo que evolutivo. Es cosa de darse una vuelta por el centro de Santiago para tomar conciencia, para bien o para mal, de que somos uno más del cuento.



miércoles, agosto 09, 2006

Nicholas Negroponte v/s Bill Gates

Algo más que un “Laptoponte” contra un Celular

Al hablar de Bill Gates, inmediatamente fluye por las líneas del argumento preparado el nunca bien ponderado monopolio Microsoft, con sus programas y sistemas operativos presentes en el 90% de los computadores en todo el mundo y, algo no despreciable, el nombre de una de las empresas más grandes del globo, teniendo a la cabeza al mayor multimillonario del cual la NASA podría jactarse en cualquier punto civilizado de la galaxia. Algo parecido pasa al reflexionar acerca de una mente tan brillante como la de Nicholas Negroponte, Director del MIT Media Lab y gurú de las nuevas tecnologías, aunque algunos consideren sus planteamientos como algo más cercano a las armas de Chewbacca en Star Wars que a los futuros aparatos tecnológicos. Las cifras económicas del desorbitado concepto que implica un nombre tan nimio como Bill Gates, al igual que una capacidad de análisis, creatividad y exitosa carrera como la de Nicholas Negroponte, complicaría hasta al más cartesiano de los analistas. Con todo, un Bill Gates oportunista o un Nicholas Negroponte chiflado no opacan la importante significación del proyecto que estos dos grandes de la tecnología presentan: el “Laptop a $100” de Negroponte y el Teléfono Celular de Gates.

¿Qué es una cosa que no es la otra? Ambos proyectos aparentemente están promovidos y destinados a aquellos hombres libres que no pueden acceder a las tecnologías informáticas con la misma facilidad o posibilidad que otros (!). Fuera de los conflictos entre dos “empresas” (considerando a Negroponte a la par con Bill Gates) y las peleas matrimoniales entre los cónyuges de la tecnología informática (esos hacendosos programas y sistemas operativos que ayudan con las tareas de los niños y con las labores del hogar y la oficina), a mi parecer el problema radica en dos puntos esenciales: la finalidad y la realidad de la tecnología cercana. Comenzaré por este último.

Es ya conocido por la opinión pública que la telefonía celular ha explosionado el mercado, llegando a lugares inimaginados y cantidades impensables; sin ir más lejos, según estudios calificados, en nuestro país existen más celulares que cocinas. Pensemos ahora en un Laptop o computador portátil: ¿No es acaso un signo de desadaptación social más que una vanguardia tecnológica ver a una persona con un Laptop en la calle?. La verdad es que el teléfono celular es una tecnología cercana para las personas; cualquier elemento o novedad que implique de suyo un teléfono celular estará inmediatamente legitimado y lo revestirá de cercanía y posibilidad para las personas. En ese sentido, el proyecto de Bill Gates es inteligente y más viable, haciendo parecer el Laptop con manivela como un bicho raro comparado con el Celular Gates, aunque cumplan la misma función. Pero ojo con un detalle que salta inmediatamente a la vista con esta cercanía tecnológica: ¿Cuál es la real finalidad de estos dos proyectos? ¿No será la competitividad y ambición de Bill Gates el motivo de este celular rival del “Laptoponte”?

¿Finalidad? La idea según Negroponte es llevar la tecnología a los lugares en donde se hace más inalcanzable. Es por ello que los países tercermundistas y de extrema pobreza son los principales objetivos. No he escuchado de alguna propuesta de Bill Gates o Microsoft por llevar Internet o tecnología informática a los africanos o a algún pueblito latinoamericano, por lo menos en forma gratuita. Si fuera así, ya tendríamos antenas públicas de Wi-Fi en los postes de alumbrado público en Argentina o Brasil, por lo menos. En ese sentido, soy mentalmente más abierto a la propuesta de Negroponte. Las características y funciones del Laptoponte me hacen pensar que su finalidad es más legítima y fiel al objetivo que el Celular Gates, un aparato que no me extrañaría se revelara en la realidad como otro producto de obsolescencia planificada, con carencias cuidadosamente estudiadas, ocultas en el lujo de sus maravillosas prestaciones.


Dos versos al angelito televisivo

Canal 13
Para aquel televidente que en horas de la mañana tenga su control remoto a mano y encienda la “caja idiota”, sería imposible no desconcertarse si el azar nocturno lo obliga a presenciar de golpe el matinal de Canal 13.
Cuando creíamos que lo habíamos visto todo con “Almorzando en el 13”, un programa donde era posible ver a una bailarina realizar su acto frente a un filete mignon o informarnos sobre colitis infantil en horas de almuerzo, el canal de las doctrinas televisivas nos sorprende con un programa matutino difícil de asimilar para el ciudadano acostumbrado a los programas cuerdos, organizados y con algún sentido. ¿En qué habrán estado pensando los creativos del canal cuando sacaron a Carla Constant del bloque? Seguramente lo mismo que pensaban cuando decidieron unir a Soledad Onetto, Jeannette Moenne-Locoz y Carlo Von Mühlenbrock, rostros de mundos diferentes en un zoológico audiovisual que a ratos pretende tener algún sentido o lineamiento, pero nunca lo ha conseguido. Es que para cualquier espectador perturbado al ver la participación de Soledad en el segmento, sería menos extraño encontrarla vendiendo computadores en la esquina de su barrio; un fenómeno parecido ocurre con Jeannette, una personalidad algo insípida y con actitud de falsa dueña de casa (algo que se nota en detalles tan ínfimos como rebanar una cebolla). Un caso aparte y digno de elogio es el de Carlo, a quien debería considerarse como un héroe televisivo, ya que sustenta casi por completo el desarrollo del programa, demostrando gran habilidad y actitud frente a las cámaras, con una sencillez que a decir verdad se transforma en el único gancho para el público. Y así, un chef profesional simpático y destacado, una excelente periodista científica y un emblemático rostro de los late show se transforman en tres nuevas víctimas de los frustrados experimentos matutinos del angelito televisivo. ¿Por qué Canal 13 lleva años sin poder superar al “Buenos Días a Todos”? Al contrario de lo que sostiene la crítica especializada, creo que los “rostros lindos” como Tonka Tomicic no son la explicación. Me niego a creer que una modelo, capaz de considerar como tema de conversación una infracción a George Michael como algo más importante que una bebé asesinada en Italia, sea la piedra angular del éxito de TVN. Simplemente ocurre que no hay competencia, por lo que el matinal del canal oficialista, que constituye la continuidad que el público chileno siempre agradece, es el que lidera cualquier encuesta. Me parece que los grandes cambios en Canal 13 durante los últimos años se llevaron, además de curas y periodistas setenteros, a los verdaderos creativos de la institución, esos que no salen en el directorio ni son entrevistados por “periodistas” de S.Q.P. Apelando al sabio aforismo, Gonzalo Bertrán debe estar “revolcándose en su tumba”.

Otro fenómeno que no podemos dejar de mencionar es el noticiero del angelito televisivo. En el año 2004, “Teletrece” estrenó con bombos y platillos su nueva imagen y cuerpo periodístico. Los diseños escénicos y multimediales hicieron fantasear al televidente chileno con suculentos informativos europeos y norteamericanos de segunda mano, en donde era posible leer las breves en una línea inferior de la pantalla mientras los reporteros del programa se las ingeniaban para adentrarse en el charco más profundo del temporal, mientras el camarógrafo hacía maravillas para no captar a todos los curiosos de la escena. Era realidad pura al estilo de Teletrece. Pero el programa no prosperó como lo planeaban los creativos y el desempeño del bloque no justificó la enorme inversión. Fue entonces que el canal de las doctrinas televisivas optó por preocuparse más en los rostros que en la parafernalia audiovisual; era lógico, Alejandro Guiller era el periodista más creíble según las encuestas y los ejecutivos de Chilevisión casi ni se movían de su escritorio. Desde el 2005, Canal 13 ha buscado intensamente entre sus periodistas un rostro para imponerse, experimentando con Constanza Santa María, Soledad Onetto o Macarena Puirredon, entre otros. Digno de comentar es el caso de Matilde Burgos y Mauricio Hoffmann. La otrora reportera en Europa, que en la elección de Benedicto XVI como el nuevo Papa nos desconcertó al estallar en llanto como si fuera la noche de año nuevo, se presenta actualmente como el rostro fuerte del bloque junto a Hoffmann, catedrático de una prestigiosa universidad, quien también nos deleitó con su gran argumento periodístico al señalar en los momentos de la elección del pontificado: “es demasiado blanco (el humo) para ser negro”.
Curioso es encontrarlos ahora en la nueva estrategia de Canal 13: mostrar al área de prensa casi como un reality show periodístico, con una publicidad que pretende transmitir credibilidad al público, pero que a decir verdad produce todo lo contrario. Y en el caso de que esta incongruente campaña logre enganchar a algún despistado televidente, éste se verá inmediatamente decepcionado al presenciar el noticiero, que sigue con la misma falta de profundidad investigativa, aferrándose a fenómenos sociales para exponer aciertos periodísticos que no le pertenecen y mostrando la misma actitud anticuada, retrógrada y ritualista de otros años, camuflada con falsos diálogos entre sus panelistas.
Así como van las cosas, no sería raro ver a Tonka Tomicic leyendo noticias en Teletrece, en un futuro incierto para cualquier chileno que haya reconocido en “Almorzando en el 13” el destino abúlico de su conformismo televisivo.

Música que desgarra tímpanos

Sonic Youth
Si el ruido y la distorsión fuesen una Biblia para los devotos de la música, Sonic Youth sería el Antiguo Testamento. Este delirante y más bien subterráneo grupo neoyorquino, rebrote de la escena underground norteamericana concebida por obra y gracia de la corriente experimental “no-wave” que levantó polvo bajo las alfombras musicales más conservadoras de su país natal e incluso de Gran Bretaña, se alzó en los años ’80 como el hijo no reconocido en la profecía musical. Evangelizando a las masas con suculentos discos como Dirty y Goo, irrumpió en la tranquilidad de los hogares con pautas arrugadas e instrumentos golpeados, convocando a miles de seguidores y cruzando las fronteras de Estados Unidos, la tierra prometida del músico masivo. Manteniendo siempre su actitud underground, tocó las puertas de la inspiración de grupos posteriores como Nirvana y Hole, entre toda la camada grunge que colonizó las estaciones radiales en los ‘90.
Curiosa es la osadía de algunos críticos que califican a Sonic Youth como una banda noise-art-rock, considerando que en el “rock artístico” figuran grupos como Tool o la excéntrica Björk, ambos estimados entre los dioses del olimpo musical, según versados en la materia. Es por esto que otros, que nos consideramos modestos auditores y espectadores en una butaca más del teatro de la música, encontramos en la siempre bien ponderada frase “rock alternativo” la dignidad y definición prudente para tan ambiguo concepto acústico, que a ratos se acerca a The Cure, aunque la distorsión y los feedbacks pronto hacen perder la ilusión. Eso sí, Sonic Youth se erige como una de las autoridades de su clase, de notable habilidad en los instrumentos (y en la destrucción de ellos) y melodías confabuladas con el estrépito.
Su última producción es Sonic Nurse (2004), álbum a ratos ácido e ininteligible, donde las desafinadas guitarras y desfasados juegos de batería producen cierto desvelo, dando paso posteriormente a una calma y armonía inexplicable, digna de un Jim Morrison al micrófono. Justo cuando el auditor creía estar acomodándose en el sofá melódico, las cuerdas irrumpen con acordes que desgarran los tímpanos, fenómeno que se extiende por largos minutos de distorsión sin censura.
Sin duda, Sonic Youth es un concepto musical difícil de digerir para quien busque en la melodía una buena razón por la que el hombre posee la habilidad de escuchar. Añadir más violencia a esta belleza musical sería lanzar su discografía a la calle.